Cuando nació mi hija Emma...
Creí que todo sería perfecto.
Pero me encontré repitiendo lo que juré que no haría:
gritar, perder la paciencia, seguir patrones que no quería.
Hasta que un día vi el miedo en sus ojos… y decidí que algo tenía que cambiar.
Empecé a mirar hacia dentro.
Sané heridas que no sabía que tenía.
Y entendí algo esencial: para amarla a ella, tenía que empezar por mí.
Al ver el cambio en nosotras, supe que no era suficiente quedármelo solo para mí. Me formé durante años en infancia y adolescencia, apoyándome en la neurociencia y en la Educación Real®️, para poder acompañar también a otras madres que sienten lo mismo.
Hoy todo lo que viví y aprendí se ha convertido en mi forma de acompañar:
✨ Escucha sin juicio
🧭 Guía clara
🌱 Claves reales desde el día uno
Con un soplo de aire en medio del caos.
Ese que te recuerda que no estás sola, y que sí puedes hacerlo diferente.